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Ginebra

¿ La toma
Por Gloria Kirberg, presidenta ACRG.

Se supo en el liceo que la fecha era esa noche

Muchos de nosotros participábamos en grupos de izquierda, pero esta vez el aviso venía por el intermedio de la Jec, los jovenes católicos.

En una larga tarde de invierno, en alguna parte de Chile, se gestaba un acto ilegal pero ¡oh cuan legítimo!: la toma de terreno.

Había sido un largo trabajo de preparación; los principales actores eran los pobladores mismos. Agotados de vivir allegados, jóvenes parejas sin trabajo, familias enormes bajo un solo techo de zinc, la cesantía era galopante, corrían los años 60, y los sitios eriazos otrora dedicados a la agricultura, eran abundantes en la comuna.

De oreja a oreja (no había teléfonos portables y la mayoría no tenía ni siquiera teléfono fijo) de puerta a puerta fuimos organizando la colecta. Las mamás nos daban los paquetes de harina y nosotros sacábamos a escondidas las reservas de azúcar, té y mate de la casa. No se podía llegar con las manos vacías.

A partir de las 23hrs. el vamos estaba dado. Recuerdo haber llegado hacia la medianoche con la banda de liceanos en jolgorio creyendo que se trataba de un japennig. Y nos chocamos con una ruda realidad : la obscuridad rota por lámparas de parafina, nuestros amigos con sus guaguas y niños en carpas de diarios y cartones, hogueritas frente a cada trazo de tiza marcando en el suelo un sueño , el del futuro hogar. Veníamos con guitarras y teteras. Los acompañamos gran parte de la noche para ~"impedir" que los carabineros los desalojaran. A las primeras luces de la aurora descubrimos un paisaje : el bosque de banderas chilenas en cada sitio. Aprendimos que así se marcaba el territorio ganado al sistema, a la especulación de propiedades, a la brecha de ricos y pobres.

Esa toma de terreno hoy día se llama población La Bandera o Pablo de Rokha o Agüita La Perdiz. Algunas se legitimizaron y se organizaron. Otras fueron violentamente desalojadas . Pero aún hoy día perdura en nosotros la lección de aquellos pobladores, de decidir darle un empujón en forma pacífica a la vida. Tomar las cosas en sus manos y forzar el destino a ponerse al otro lado de la barrera.

Recordé con precisión esos momentos la lluviosa tarde en que el ginebrino squatt Rhino fue desalojado. Estuve acompañándolos durante la noche, pensando que en otro país, en otras circunstancias, a otro nivel, unos pobladores querían forzar el sistema y vivirse la vida de otra manera. El símbolo no fueron las banderas sino el cuerno de rinoceronte. Por esta vez fueron desalojados. Tuve una inmensa nostalgia del futuro.


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