Por Matías Zurita Prat, corresponsal en Chile de El Canillita
Los medios de comunicación se han empecinado en buscar explicaciones en ministerios y altos personeros de gobierno. Y sin duda no están equivocados, pero han omitido buscar explicaciones en otros lugares, donde se frotan las manos con las ganancias de una implementación defectuosa. ¿De quién es la responsabilidad del Transantiago?
A más de 6 meses del inicio del plan que prometió revolucionar el transporte de Santiago con una modernizaron sin igual, hoy continúan las grandes deficiencias que hicieron detonar el descontento social. Transantiago marca altos índices de desaprobación y en la calle se palpa la molestia con las autoridades debido a una implementación defectuosa que ha aumentado en, por lo menos, el doble los tiempos de viaje en paupérrimas condiciones.
Cartas secretas divulgadas por la prensa, informes que se deberían haber conocido antes, explicaciones que no se dieron, etc, etc, etc., son las causantes de bochornosos escándalos publicitados entre ministros, ex ministros, diputados y senadores. El ánimo revanchista está mostrando lo peor de la Concertación, coalición que tiene las horas de vida contadas. La responsabilidad política es un adjetivo que nadie quiere hacer suyo y todos se lavan las manos.
Empero, no es sólo el gobierno es el responsable del fracaso del Transantiago. Es menester recordar que este proceso se publicitó como la gran alianza público-privada que revolucionaria el transporte capitalino. Mi interés no es defender al gobierno, pues evidentemente no ha realizado el mea culpa necesario y su responsabilidad es insoslayable. Sin embargo los medios de comunicación han olvidado que gran parte de los problemas cotidianos del Transantiago se debe al incumplimiento de los contratos por parte de los privados.
La política de concesiones iniciada con Ricardo Lagos y alabada por el empresariado criollo, devino que el Estado se desligara de gran parte de sus responsabilidades sociales. En esto Transantiago no es la excepción. El estado encargó estudios, asesorías y dejó en manos de privados gran parte de la responsabilidad de la implementación del Plan. Si bien el gobierno debe asumir una gran responsabilidad política al respecto, los empresarios le deben una explicación a los ciudadanos y al gobierno por no estar a la altura de las circunstancias. Ha quedado demostrado que la clase empresarial no ha jugado con las cartas limpias y sobre la mesa, recurriendo a artilugios sucios y prefirieron pagar multas antes que sacar los buses a las calles. Ya se han debido reformular los contratos para evitar que esto siga ocurriendo. Los días feriados son una vergüenza y ejemplifican lo anterior, pues los contratos no se están cumpliendo y los operadores guardan sus buses dejando a gran parte de la ciudad sin transporte.
Los problemas del Transantiago no sólo provienen del gobierno, el que no puede evitar asumir su responsabilidad, pero gran parte se debe a los privados y a la pésima implementación y desgano con que han participado en el Plan. Esto demuestra que el sistema público-privado de inversión que tanto se alabó por la Concertación y la Alianza por Chile, tiene más de una grieta y que dejar en manos de privados los servicios básicos de la población, tiene resultados nefastos.