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Historia

La familia en Chile: de los Mapuches a los croatas, los judíos y los europeos
Por Gaspar Glavich
En el número anterior de “El Canillita”, hemos visto que Chile se fue construyendo con el aporte de inmigrantes llegados de casi todo el mundo. Por lo tanto, ellos junto a los pueblos precolombinos han dado su carácter a las actuales familias chilenas. Cabe hacer notar que los líderes que liberan a Chile del dominio español, son en su mayoría hijos de familias de emigrantes, y el máximo héroe es Bernardo O’Higgins, de padre irlandés y madre chilena de origen español.

Para el presente artículo, he tomado algunas notas de la revista “Corriente de Opinión” y de otras fuentes:

« Cada país tiene sus costumbres y ritos, que se expresan principalmente en el medio familiar. Es en el hogar donde se incuban y proyectan los valores de persona, de relación social y donde se sintetizan las conductas predominantes de un país. De ahí la importancia de estudiar los elementos culturales que dan vida y caracterizan al núcleo familiar de una nación.

Tales elementos no se dan por generación espontánea, sino que son heredados de las culturas familiares de todos aquellos grupos establecidos e inmigrantes que han llegado a un país, aportando a lo largo de los años su propio sello.

LOS MAPUCHES.- La forma tribal en que funciona la familia mapuche la hace digna de destacarse en la sociedad actual, pues incorpora un elemento de gran aprecio por la pertenencia al tronco histórico de cada familia. La mujer mapuche es la transmisora y conservadora, por excelencia, de las tradiciones mapuches. La cultura mapuche y el mestizaje han ayudado a conformar la idiosincrasia de la familia chilena.

LOS JUDÍOS.- El judaísmo considera el matrimonio como el estado de santidad natural del hombre y la mujer. El sentido de la hospitalidad, así como el respeto y adaptación de las tradiciones al tiempo actual, hacen de la familia judía un modelo válido para la humanidad.

LOS ÁRABES.- El aporte árabe en Chile es un hecho tangible ya que ejerce un importante influjo en las clases productivas y dirigentes, aportando sus propios valores familiares y comunitarios a la sociedad chilena. No todos los árabes chilenos son musulmanes ya que muchos de ellos llegaron siendo cristianos. Mil millones de habitantes del planeta son musulmanes creyentes o de cultura musulmana. La familia musulmana, al igual que la judía y la cristiana, tiene sus raíces en una visión religiosa de la existencia. La familia es el dominio del hombre, el único responsable del funcionamiento de la casa en la que conviven esposa, hijos y empleados. De todos ellos el responsable final es el padre. Los hijos tienen una relación de socorro o ayuda a sus mayores, por una razón de naturaleza retributiva.

LOS JAPONESES.- Pequeñas pero importantes han sido las distintas inmigraciones que tuvieron a Perú y Brasil como principales centros de llegada y dispersión posterior al subcontinente. En mayor o menor grado, sus usos y costumbres han venido a enriquecer el mosaico cultural de los latinoamericanos. Existe una gran lealtad al miembro mayor de la familia, veneración por los ancianos. Los niños son educados en el respeto a la jerarquía familiar.

LOS CHINOS Y LOS COREANOS.- Aunque la presencia de chinos en nuestro subcontinente es de antigua data, se puede afirmar que es poco lo que sus costumbres ancestrales han podido influir en nuestro medio. Como gente de trabajo y por su origen popular, podemos decir que sus formas familiares trasuntan los valores fundamentales de su pueblo de origen y, en este sentido, podrán contribuir una vez más a formar el mosaico total de nuestra perspectiva familiar.

LOS CROATAS.- Las familias croatas constituyeron una importante minoría en las inmigraciones del sur austral así como en las ciudades del Norte de Chile. Cuando llegan a fines del siglo XIX lo hacen premunidos de un pasaporte austríaco por lo que en principio serán llamados por los chilenos como «austríacos» y a partir de 1931 se les llamará «yugoslavos » por integrar Croacia el reino de Yugoslavia. Pero la gran mayoría de los llegados a Chile y a otros países americanos eran de ascendencia croata, por lo que serán las costumbres de esta nacionalidad las que se identificaron con la colonia "yugoslava". Entre las características destacables hay que señalar el profundo amor al trabajo y el especial cuidado por la tierra. El amor y respeto a los ancianos y un gran sentido patriótico son otras de las características que distinguen a la familia croata.

LOS EUROPEOS.- Españoles, italianos, franceses, alemanes, suizos e ingleses que en distintas y abundantes oleadas se asentaron en Chile, y en conjunto con los araucanos y las otras etnias minoritarias anteriormente referidas, constituyen el núcleo fundamental de la familia chilena. Aun cuando cada grupo de las distintas nacionalidades europeas aportó características o, mejor dicho, matices peculiares, hay un fondo común en ellos que los hace iguales en lo esencial. Castellanos y vascos, gallegos o andaluces, extremeños o catalanes (si se trata de los españoles); toscanos o napolitanos, romanos o lombardos (si italianos); y otro tanto en el caso de los alemanes, que principalmente llegan de la católica Baviera o de otras zonas de ascendencia protestante, así como los ingleses en menor cantidad. Todos contribuyen con una serie de valores de familia que persisten hasta el día de hoy en la identidad de la familia chilena. Los europeos aportan un sentido muy sólido de familia que reconoce al varón como autoridad, a la mujer esposa y madre como ama del hogar, respetada y querida como tal, y a los hijos como una bendición de la familia. Las raíces judeo-cristianas, pasadas por el cedazo de la Edad Media totalmente sacra y del Renacimiento preferentemente humanista, se advierten muy fuertemente en los europeos, más allá de sus matices regionales e incluso religiosos (católicos o luteranos, anglicanos o simplemente agnósticos). Podríamos decir que la familia para el europeo es una institución muy seria, cuyos fundamentos morales y legales están respaldados por el Derecho Romano y por la doctrina conciliar de la cristiandad. Sólo en el último tiempo, digamos desde la Segunda Guerra Mundial y a partir del Concilio Vaticano II, Europa ha visto debilitarse su estructura familiar, y de alguna manera ha venido a proyectarse en sus emigrantes americanos.

En resumen: del cúmulo de tradiciones que convergen a la formación de la familia típica chilena, se puede concluir que desde Oriente y Occidente, desde pueblos geográficamente muy lejanos y culturalmente muy diferentes, se ha llegado a formar un marco de valores referidos a la familia que, junto a otros antivalores, puede constituir la base de un futuro todavía esperanzador para la permanencia de este esencial núcleo de la sociedad o célula viva de la comunidad nacional. He aquí algunas de sus fortalezas, heredadas de distintas culturas:

  1. Se valora la unidad familiar e incluso su indisolubilidad, estimando por lo mismo el divorcio como una fragilidad o una situación digna de compasión. En Chile se discute actualmente sobre la legislación al respecto, teniendo a la Iglesia católica chilena como su principal oponente a una ley sobre el divorcio.
  2. Se reconoce la autoridad paterna como símbolo de jerarquía en las relaciones humanas.
  3. La mujer madre y esposa es, generalmente, muy respetada y querida por todo el grupo familiar. En ocasiones ella manifiesta una gran fortaleza, constituyéndose en el principal sostén del grupo familiar. Ejemplos de esto se manifestaron muy claramente durante los 17 años de dictadura militar.
  4. El respeto a los ancianos es un valor estimado en general.
  5. La educación de los hijos en el respeto y con afecto visible es otra de las características principales de la familia común chilena.
  6. La mujer es la principal responsable de la vida religiosa o no de la familia.
  7. El carácter tribal o de clan que manifiestan numerosas familias es otra de las características valiosas de la familia común del país, lo que se expresa en la fuerte relación de convergencia de los hijos casados en la casa paterna con frecuencia periódica y principalmente en las celebraciones aniversarias de cada uno de los miembros (cumpleaños, aniversarios de matrimonio, fiestas de Navidad, fiestas patrias y vacaciones).
  8. También hay que destacar la fuerza de algunas tradiciones de grupos nacionales, que mantienen en torno a instituciones recreativas, deportivas o políticas sus vínculos sociales y culturales.
  9. El desmantelamiento del tejido social llevado a cabo a la caída del gobierno popular, golpeó principalmente a cientos de miles de familias con el fin de que ellas se sometieran al nuevo sistema económico que se estaba instalando. Esto llevó a una disgregación familiar generalizada por causas del exilio y de búsqueda de oportunidades de subsistencia a cerca de un millón de personas. El actual sistema ve al ser humano como un ente consumidor y generador de utilidades que benefician exclusivamente a las grandes empresas transnacionales. Pero el sentido de la solidaridad, de la organización y lucha de las familias chilenas no fue borrado totalmente. Es a partir del núcleo familiar que el pueblo chileno nuevamente está reconstruyendo la red social y comunitaria, que pone en el centro los derechos y valores de todos los seres humanos y construye así una sociedad justa y democrática.
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