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Opinión

Secondos:¿extranjeros hasta cuando?
Por Claudio Bolzman, profesor y sociólogo chileno residente en Ginebra.

Francesca, Pedro y Hazan nacieron en Suiza e hicieron todos sus estudios en Suiza. Nunca han vivido en otro país. Sin embargo, estos tres jóvenes no son suizos, ni sus hijos tampoco. Francesca, Pedro y Hazan esperaban con un optimismo moderado que el 26 de septiembre pasado los votantes aprobaran por fin la naturalización facilitada para la segunda generación de extranjeros y automática para la tercera generación. Les parecía normal que su país les reconociera por fin el derecho a ser verdaderos ciudadanos, sin tener que justificar una complicada demanda de nacionalidad y pasar por trámites engorrosos.

Hasta fines de agosto del 2004, las encuestas de opinión indicaban un cómodo avance del sí a estas dos medidas y daban razón a su optimismo.No contaban con la irrupción odiosa en la campaña de la Unión democrática del Centro (UDC), partido que no se contentó de argumentar que el cambio legislativo introduciría una « liquidación » del pasaporte suizo, el cuál sería, desde su punto de vista, demasiado fácil de obtener. La UDC fue mucho más lejos y jugó habilmente y sin escrúpulos con los temores de la población suiza, aduciendo que si se aprobaban estas dos materias, los musulmanes pasarían en pocos años a ser mayoritarios en la Confederación y además insinuó muchas veces durante la campaña la falsa y terrible amalgama : musulmanes igual a terroristas.

Francesca, Pedro y Hazan no imaginaban tampoco el silencio de los otros partidos, que se suponía apoyaban plenamente las medidas de naturalización, pero que sólo reaccionaron timidamente frente a los ataques falaciosos del populismo nacional-liberal.

A fin de cuentas, el 26 de septiembre 2004 se repitió la misma historia que en 1983 y en 1994 : nuevamente la naturalización facilitada a nivel federal para la segunda generación fue rechazada. El mensaje de los votantes fue una violenta bofetada simbólica para los hijos de los inmigrantes que esperan desde hace 20 años que se les considere como conciudadanos de pleno derecho. Fue también una profunda marca de desconfianza hacia las propias instituciones educativas suizas, ya que los votantes no estimaron como una garantia suficiente que los jóvenes de la segunda y tercera generación hayan compartido los mismos bancos en la escuela que los jóvenes nacidos suizos.

El único consuelo de Francesca y Pedro es que por lo menos todos los cantones de la Suiza de habla francesa, con la excepción del Valais, aceptaron estas dos medidas. Viviendo en Ginebra y en Neuchâtel, cantones que ya habían aprobado, en los límites de sus poderes, la naturalización facilitada para la segunda generación, se sienten apoyados por la mayoría de la población. En cambio, Hazan no pudo más que constatar el rechazo casi unánime de los cantones de la Suiza alemana, con la excepción de Basilea-ciudad. Es cierto que las grandes ciudades, como Zurich o Berna aprobaron las medidas, pero no fue suficiente para contrabalancear los votos negativos de las pequeñas ciudades y los pueblitos. Hazan constata que la gente que tiene menos contacto con la población extranjera fue la que se dejó más influenciar por las imágenes negativas de los jóvenes extranjeros presentadas por los populistas.

Hazan piensa que seguirá militando en el movimiento “ Secondos+”. Aunque su lengua materna no sea el español o el italiano, ese neologismo que se refiere a la condición común de ser a la vez miembros de la “segunda generación” y ciudadanos de segunda categoria, refleja bien su situación. Hazan piensa seguir trabajando hasta que el slogan del movimiento Secondos+, “estamos aquí porque estamos aquí”, es decir, “somos de este país y no tenemos por qué justificar nuestra presencia en esta sociedad, como fue el caso con nuestros padres”, sea aceptado por la población como una evidencia. Se consuela pensando, “en este país las cosas avanzan lentamente, pero la razón y la justicia terminan por imponerse”.

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