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Deportes

Desaparecen los héroes del 62
Por Charles Humbert
Esta vez esta sección está dedicada a rendir nuestro modesto homenaje a personas que de una u otra manera formaron parte del panorama deportivo chileno.

Cuando cerrábamos la edición anterior nos llegó la noticia de la muerte de Hernán Solís. Periodista y locutor, en la época en que la televisión no estaba tan presente como ahora, relataba los partidos de fútbol con un estilo lleno de metáforas. Aquí trataremos de recordarles algunas de sus frases tradicionales.

Antes de comenzar el partido: “Está todo listo, todo dispuesto ya” y “los capitanes se saludan, como corresponde a verdaderos caballeros”. Cuando el arquero atajaba un tiro lo hacía “volando como un caravelle” (haciendo alusión a los nuevos aviones de la época) o “haciéndose un ovillo en el suelo” y cuando un equipo marcaba un gol, “y la pelota inflando la red”.

El tres de enero de este año dos mil cinco, falleció Misael Escuti Rovira, arquero de Colo-Colo y de la Selección Nacional durante muchos años. Defendió el arco del eterno campeón desde el 14 de abril de 1946 hasta el 17 de octubre de 1964, jugando ¡cuatrocientos diecisiete partidos oficiales!. Salió campeón en los años 1947, 1953, 1956, 1960 y 1963. Cuando llegó a la Selección, lo hizo para reemplazar nada menos que a Sergio Livingstone, el popular “Sapo”. Uno de los partidos que más se le recuerda fue el 24 de enero del 56, en el estadio Centenario de Montevideo, cuando la “roja “ le ganó a Brasil por 4 goles a 1. El momento culminante de su carrera fué, sin lugar a dudas, el famoso “Mundial del 62”.

En los días siguientes a su deceso los diarios no dejaron de elogiar sus cualidades humanas y deportivas.

Otros dos jugadores menos conocidos a nivel nacional, pero ídolos a nivel local que nos dejaron en enero son: Felipe Bracamonte delantero y verdadero ariete del Uní-Uní, venido de Argentina en la primera mitad de los años 60 y que se quedó definitivamente en San Felipe. Fue goleador del campeonato de 1966 ,y el arquero Walter Behrens del Rangers de Talca, quien se turnaba bajo los tres palos con Arturo Rodenack. Entre ellos establecieron un sistema de turnos para poder recibir una pequeña remuneración, pues en aquellos tiempos, sólo el que jugaba tenía derecho a sueldo.

Era la época en que verdaderamente se jugaba por amor a la camiseta. Con estos tres ejemplos podemos darnos cuenta que defender un club era una cuestión de honor. No como ahora. Poco antes del cierre de esta edición, supimos del fallecimiento de Mario Moreno Burgos, puntero derecho de Colo-Colo y también de aquel equipo del 62. Los jugadores de su generación lo llamaban “el superclase” por el dominio que tenía del balón. Preocupado por la precaria situación de los futbolistas, creó el “Sindicato de Futbolistas”. Ello le valió entrar a una lista negra, y ningún dirigente lo quiso contratar, debiendo poner prematuro fin a su carrera.

En Suiza tambien occurió otro “fallecimiento” deportivo: el Servette Football Club. El quiebre del club ginebrino permitió a muchos de sus jugadores buscar nuevo club. Nuestro compatriota Jorge Valdivia volvió a Colo-Colo, club donde se formó, pero nunca jugó. El diario “La Cuarta” se condoreó firme en su edición del miércoles 16 de febrero afirmando que el grupo sirio había salvado al Servette y que entre sus prioridades estaba recuperar a Valdivia y Karembeu para construir un nuevo equipo...

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