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Economia

Area de libre comercio
La reciente Conferencia Cumbre de Mar del Plata representó un intento fallido del Gobierno norteamericano por impulsar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), una iniciativa formulada por el Presidente Clinton hace 11 años y que constituye un ambicioso proyecto económico y comercial con una innegable connotación política.
Por Alfonso Inostroza

Se denomina Area de Libre Comercio a un espacio geográfico formado por dos o más países, en este caso los de América del Norte, América Central y América del Sur. Los integrantes acuerdan intercambiar bienes, servicios y capitales originarios de sus territorios sin aplicar gravámenes arancelarios ni restricciones de ninguna naturaleza.

Los propósitos principales que persigue un acuerdo de este tipo son: expansión de la producción y las exportaciones como resultado de la ampliación de los mercados consumidores; aumento de la ocupación de la mano de obra; elevación de la productividad; utilización racional de los recursos naturales e incoporación de nuevas tecnologías. Se espera que el resultado de estos esfuerzos mancomunados se reflejen en el mayor nivel de vida de los habitantes de este espacio económico.

Dado que se trata de un proceso de integración complejo que requiere de un período de ajuste, estos acuerdos disponen de "cláusulas de salvaguardia" que se aplican por lapsos previamente determinados a fin de permitir que las actividades menos competitivas puedan adaptarse a las nuevas condiciones de producción que surgen de la integración económica.

Los países de nuestro Continente poseen una experiencia en materia de complementación e integración económicas de cierta data. Ya en la década de 1950, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) propició una iniciativa que dió orígen a la ALALC, Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, hoy ALADI, que incluyó a los países de Sudamérica más Mexico. Posteriormente surgieron el Grupo Andino (5 países); el Mercado Común Centroamericano (5 países); y el Mercado Común de los países del Caribe (CARICOM). Todos cumplieron una etapa y hoy en día subsisten con actividad relativa sin haber cumplido los objetivos iniciales. Más recientemente se ha formado el Mercosur cuyos comienzos fueron promisorios pero que actualmente enfrenta dificultades.

Con la finalidad de abrir nuevos mercados, estimular las exportaciones y enfrentar con ciertas probabilidades el proteccionismo de los países desarrollados del hemisferio norte, se ha buscado un nuevo enfoque a través de los Tratados de Libre Comercio (TLCs). En América del Norte se ha estructurado un Area de Libre Comercio entre Canadá, EEUU y México, un mercado ampliado de unos 400 millones de personas.

Nuestro país, tras extensas negociaciones, ha suscrito TLCs bilaterales con los EEUU, la Unión Europea, México así como con ciertas naciones de Asia. Asimismo sostiene tratativas preliminares con India y China. Otros países siguen esta tendencia con lo que la proliferación de tratados bilaterales está conformando una red compleja que supone serias discriminaciones para muchas naciones y sectores productivos, alejándose asi de los propósitos de un comercio multilateral ordenado y equilibrado bajo normas comunes, como el que promueve la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Aun cuando estas políticas de complementación e integración comercial han reportado algunos beneficios para los países del Continente, los profundos problemas de pobreza, desempleo, marginalidad y desigualdad que caracterizan el comienzo del siglo XXI exigen políticas y soluciones de una envergadura mucho mayor. Por lo tanto, es natural que la Cumbre de Mar del Plata haya dejado en un segundo plano y postergado la discución acerca del ALCA en beneficio del tratamiento de los problemas más urgentes y trascendentales como la lucha contra la pobreza, la creación de empleo y la gobernabilidad democrática.

Por otra parte, es oportuno preguntarse por la oportunidad y conveniencia de abrir un debate hemisférico sobre libre comercio con EEUU, un gobierno que exhibe una gran vocación proteccionista y que se caracteriza por desconocer acuerdos y tratados suscritos, cuando éstos no están en línea con los propósitos de su política hegemónica y con los intereses de los grandes consorcios transnacionales. En efecto, los EEUU, los países miembros de la Unión Europea y Japón son los que practican el mayor proteccionismo en el planeta en la forma de subvenciones a los productos agrícolas, de aranceles de importación discriminatorios para las importaciones provenientes de países del 3er. Mundo y de subsidios a las exportaciones. La reducción y/o abolición de estas medidas es objeto de una árdua batalla en el seno de la OMC, batalla que los países en desarrollo han intensificado en los últimos años y cuyo desenlace sigue siendo incierto.

A estas circunstancias debemos añadir los nocivos efectos de una desordenada mundialización o globalización económica y financiera que ha agravado los desequilibrios en las economías de nuestro Continente. Si este proceso de mundialización mantiene en jaque a las naciones más desarrolladas se comprende que es más difícil limitar o atenuar los estragos que está causando en los países de América Latina. La globalización ha hecho más evidente las contradicciones inherentes a la economía de libre mercado y libre comercio puesto que no son los gobiernos los que están conduciendo, regulando y orientando el proceso sino centros de poder sin rostro, identificación ni domicilio conocido y que por lo demás, no han sido elegidos por mecanismo democrático alguno.

Frente a este panorama, las prioridades fijadas por la Cumbre de Mar del Plata son las más urgentes junto con la aplicación de políticas que mejoren la distribución del ingreso. Este es un requisito esencial para lograr el anhelado desarrollo de nuestras sociedades. Más aun, debemos entender que en el consenso de los Jefes de Estado subyace la necesidad y conveniencia de coordinar estas políticas creativas para diseñar un nuevo marco de referencia en las relaciones entre Estados. El fortalecimieto interno de las sociedades permite la coherencia y la acción conjunta de los países en su política comercial hacia el exterior. De esta forma, se darían las condiciones para enfrentar cualquier futura negociación con los EEUU en una situación de un mayor equilibrio de fuerzas.

En mi opinión, mientras esto no suceda, todos los esfuerzos por establecer Areas de Libre Comercio no están llamadas a desembocar en resultatos favorables para nuestro Continente y, lo que es peor, pueden constituirse en factores de mayores trabas para un crecimiento ordenado y equilibrado. Es fundamental asimismo que las reglas del juego estén bien definidas en el seno de las Naciones Unidas (ONU) asi como en organismos como la OMC, OIT, etc. De lo contrario, de persistir las contradicciones actuales, difícilmente la gran potencia imperial hegemónica respetará sus compromisos con las contrapartes mas débiles y fragmentadas.

Pudiera parecer utópico este planteamiento dada la confusión existente y el juego de intereses que ocultan muchas veces la ubicación del adversario. Debemos confiar en la fuerza intrínseca de nuestros pueblos, los cuales han dado prueba de su coraje, al surgir fortalecidos de una lucha larga y dolorosa contra las dictaduras y la opresión que por años asolaron nuestro Continente. Los pueblos capaces de enfrentar la adversidad en esta forma, que luchan desde antiguo por liberarse de sus cadenas y que muestran ser solidarios y perseverantes pueden estar seguros de conquistar su futuro en paz y prosperidad.


¿ Donde guardaremos nuestro segundo coche ?

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